Hoy desarrollo uno de los puntos que señalaba en el artículo sobre “los extremos del amor“. Sobre la idea de “el amor de mi vida” y su relación con la soledad. ¿Quién no busca el amor de su vida o al menos lo ha buscado? Hay ideas que se nos meten bajo la piel, que las incorporamos inconscientemente desde que nacemos.

Incluso cuando conscientemente sabemos que no tiene que ser así, algo se nos mueve por dentro si consideramos la posibilidad de no tener pareja a partir de cierta edad. La idea de “vas a acabar sola” (o solo, pero en menor medida) está presente en la vida de muchas personas que no siguen un patrón convencional de relaciones. ¿Sola? Tener amistades e incluso descendencia es acabar sol@? Identificamos pareja con compañía, de forma sutil pero contundente. Con la única compañía real y válida. Las amistades son para distraerse en los huecos que la pareja deja o para romper la rutina. La posibilidad de que las amistades sean la principal forma de relación o que, incluso, se pueda disfrutar estando sola y se escoja como opción de vida aún sigue chirriando en casi todas nuestras mentes, incluso cuando racionalmente pensemos y sepamos que puede ser una opción tan buena como cualquier otra. Y es que, como en tantos otro temas, lo que sabemos y lo que sentimos puede ser muy diferente.

Siento deciros que, normalmente, ese “¿qué van a pensar?” y esos “debo ser yo” o “no estamos tan mal” son, en realidad un “¿Qué voy a pensar yo? ¿Eso es que tengo que estar a solas conmigo misma?¿dónde me puede llevar eso? ¿Y si no encuentro a nadie más /mejor?.

¿Qué significa esto? Significa que muchas de las relaciones que establecemos no son realmente porque deseemos tenerlas, sino por evitar ciertas situaciones de soledad, de enfrentamiento, de asumir miedos y necesidades pendientes. A todo el mundo le suena, por haberlo vivido en carne propia o por alguien cercano, el buscarse a alguien porque lleva “mucho tiempo sola” o porque “me gusta salir a cenar y no voy a ir sola”. ¿Cuántas de vosotras se sienten extrañas e incómodas yendo a un restaurante a comer sin compañía? ¿o al cine? ¿O un viaje? No hablo de que se prefiera ir con alguien, sino de la incapacidad de hacerlo si no se va acompañada. Cuántas pensais “¡qué vergüenza! ¡cómo voy a comer sola? ¿Qué van a pensar?”

Otro caso muy común es  tener claro que nuestra pareja no funciona pero no nos atrevemos a dar el paso de dejarlo. Nos buscamos excusas como “puede volver a funcionar”, “es solo una racha”, “debo ser yo que estoy rara” o incluso “no estamos tan mal, hay parejas que están peor”

Siento deciros que, normalmente ese “¿qué van a pensar?” y esos “debo ser yo” o “no estamos tan mal” son, en realidad un “¿Qué voy a pensar yo? ¿Eso es que tengo que estar a solas conmigo misma?¿dónde me puede llevar eso? ¿Y si no encuentro a nadie más /mejor?”.  Y suele ocultar desde miedos, a necesidades no cubiertas, a inseguridad y baja autoestima, a mala gestión emocional. O incluso un poco de todo. El miedo a la soledad está siempre presente, como un enorme monstruo ingobernable de las pesadillas infantiles. Y es tan enorme que, aunque no lo parezca, por miedo a él podemos desde quedarnos en una relación infeliz sin más (como si fuera poco) a soportar situaciones de abuso y maltrato. Pero ese es otro tema que merece mención aparte.

¿Cuál es su origen? Como todo en el ser humano es una mezcla. Por un lado de nuestra cultura y nuestra sociedad que desde que nacemos nos hablan, de forma más o menos evidente pero constante,  del amor eterno, del destino, de la media naranja , de nuestra toma de conciencia más o menos amplia sobre ello y de cómo lo hemos procesado e incorporado a nuestras creencias, emociones y expectativas.

El miedo a la soledad está siempre presente, como un enorme monstruo ingobernable de las pesadillas infantiles. Y es tan enorme que, aunque no lo parezca, por miedo a él podemos desde quedarnos en una relación infeliz sin más (como si fuera poco) a soportar situaciones de abuso y maltrato.

El amor, las parejas han de sumar, no ser sustitutas de nada. Quizá por ahí haya personas afortunadas (pocas) que desde jóvenes hayan tenido muy claro mental y, sobre todo, emocionalmente que el amor de su vida son ellas mismas y que las parejas solo son un complemento que, si no aportan, es mejor no tener. Y lo aplican en todas las etapas de su vida.

El resto podemos llegar a lo mismo si:

  • Tomamos conciencia: nos damos cuenta de todos los beneficios que nos puede aportar, como, por ejemplo, conquista de la felicidad propia,  mucho más cuidado de las personas y las relaciones al no dar nada por “seguro”  y libertad compartida, entre otras de las que iremos hablando.
  • Identificamos y trabajamos de forma profunda y constante nuestra creencias limitantes, nuestros miedos y desarrollamos autoestima e inteligencia emocional. Hay herramientas muy efectivas y sencillas que podéis utilizar en vuestro día a día: identificar emociones. conocer pensamientos que originan, visualizar situaciones,conocer el ciclo emocional, hablar con nuestras necesidades y miedos, etc.

¿El objetivo? Sentirnos completas, felices y autónomas, elegir las relaciones que deseamos y que siempre sumen y aporten. Es posible hacerlo y las ventajas, infinitas.

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